Estudios de Filosofía Práctica e Historia de las Ideas / E-ISSN 1851-9490 / Vol. 25 (Especial) / Sección Dosier
Revista en línea del Grupo de Investigación de Filosofía Práctica e Historia de las Ideas /
Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales (INCIHUSA)
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)
www.estudiosdefilosofia.com.ar / Mendoza / 2022 /
.
Arturo Andrés Roig:
Notes on a Tradition
of Reading, Methodological Approach and Educational Transformation
laura guic
Universidad Nacional de
Lanús,
Universidad del Salvador, Argentina.
Recibido:
08/05/2022
Aceptado:
24/10/2022
Resumen. Conocer y reconocer a un
exponente saliente de la academia argentina, constructor
prolífero del
pensamiento del setenta proyectado hacia la filosofía de la
liberación, ofrece
una oportunidad ineludible para tomar sus postulados y sus modos de
interpelar su
tiempo, recobrando pistas del pasado, como aporte para el ámbito
propiamente
educacional.
Así,
la trayectoria de Arturo Roig, desde su obra, puede ser
recorrida atendiendo a dos aspectos que son caros al campo de estudio
de las
políticas educativas con perspectiva historiográfica: la
investigación y la
práctica de políticas institucionales de
transformación educativa.
De
manera introductoria y para el presente trabajo, se recorren
algunas de las producciones del filósofo, empleando un enfoque
metodológico
rizomático, que articula aspectos biográficos,
herramientas del análisis
crítico del discurso y categorías del posestructuralismo,
para el estudio
escritos del autor, centrando el interés en su modo de producir
conocimiento y
sus acciones transformadoras de la educación.
Palabras
clave. Arturo Roig, Educación,
Transformación, Gobierno, Política educativa.
Abstract. Knowing and recognizing an important exponent of the
Argentine
academy, a prolific builder of the thought of the seventies, projected
towards
the philosophy of liberation, offers an inescapable opportunity to take
his
postulates and his ways of questioning his time, recovering clues from
the
past, as a contribution for the educational field.
Thus,
the trajectory of Arturo Roig, from his work,
can be followed by attending to two aspects that are dear to the field
of study
of educational policies with a historiographical perspective: research
and the
practice of institutional policies of educational transformation.
In an
introductory way and for the present
work, some of the philosopher's productions are reviewed, using a
rhizomatic
methodological approach, which articulates biographical aspects,
critical
discourse analysis tools and post-structuralism categories, for the
study of
the author's work, focusing the interest in its way of producing
knowledge and
its transforming actions of education.
Keywords. Education, Transformation, Government, Education policy.
Este
trabajo que exhibe los primeros pasos en el abordaje y el empleo de las
categorías de Arturo Roig (1922-2012), inicia con el
reconocimiento de sus
discípulos, quienes, ―continuando la
tradición al constituirse en prolíferos
docentes-investigadores―, abrevaron de su conocimiento, y continúan en el
presente, como
seguidores y divulgadores infatigables de su obra. Es gracias a la
Universidad
Nacional de Cuyo y sus discípulos
[1]
, a quienes les debo, el
abrir este espacio para ingresar a los escritos del autor y recobrar de
ellos
claves para pensar y hacer de la escuela que hoy habitamos, un espacio
de
transformación posible. Es desde sus producciones y
problematizaciones, que
fortalecen, a su vez la obra de Roig, que considero revisar los
estudios en
torno al gobierno de la educación del novecientos, y ampliar el
sistema
referencial para abordarlo.
Es
preciso además dejar en claro, que, en mis propias lecturas
anteriores al
presente desarrollo y en los avances de investigación en torno a
la historia de
la educación, para analizar políticas públicas
educativas pretéritas, tanto la
biografía de Roig, como sus escritos, han sido fragmentariamente
revisados.
De allí
que en el recorrido liminar de la
trayectoria tanto vital como académica de Arturo Roig, y en el
sobrevuelo de su
obra y de su práctica docente, encuentro que este enorme
cientista educacional
de base ―me refiero a su
formación académica primera―,
no ha sido parte del acervo bibliográfico de mi propia
formación.
Ante el interrogante de que esto fuera un caso excepcional, realizo una
serie
de encuestas breves en profesorados docentes
[2]
de la provincia de Buenos Aires, comenzando a vislumbrar
en esta
etapa exploratoria, que los escritos de Roig, en líneas
generales, no son
empleados para ninguna de las asignaturas de la trama curricular de los
denominados comúnmente institutos terciarios.
Si bien
la investigación continúa, los establecimientos
consultados, tanto docentes
como estudiantes, responden no emplear, ni haber leído su obra,
y sí, en algún
caso vincularlo a quienes estudiaran el positivismo o la Argentina
finisecular.
De aquí
la relevancia de esta aproximación a Roig desde la
educación, por un lado, para
evidenciar que existe, por lo menos en principio, una necesidad de
revisar los
trayectos formativos que dejan por fuera el potencial esclarecedor del
autor y
por otro, poner en valor el esfuerzo de quienes mantienen viva la luz
de sus
tesis.
A modo
de objetivo explicitado, se seleccionan algunas obras del autor, como
libros
primeros y compilaciones, con un doble propósito: primero, el de
revisar sus
categorías y apropiarlas para las investigaciones que
están en curso y revisar
las anteriores; y de allí, al comprender sus modos y referencias
para leer el
pasado, el segundo objetivo, es exhibir de qué forma se toman y
recepcionan los
modos de indagar el ciclo fundacional del sistema educativo, para
ahondar en
las trayectorias políticas de los dirigentes del ámbito
educativo, ahora
profundizado desde este sistema
referencial.
Para
poner un ejemplo, reconociendo las definiciones en torno a los
krausistas y la
caracterización del eclecticismo como corriente que constituye
el contexto de
formación o de intervención política de la
dirigencia que gobernó la educación
en el novecientos, es posible problematizar ahora, al gobierno de la
educación
desde las presidencias del Consejo Nacional de Educación ―en
adelante CNE―, entre los Centenarios de la
Revolución
de Mayo y de la Independencia. Se investiga la hipótesis que
sostiene que en este
ciclo se instauraron desde este organismo una educación
patriótica o
nacionalista, conducida por médicos. A continuación,
algunas aclaraciones en
torno a lo anterior.
Sin
dejar el eje transversal que no es otro que el reconocimiento de la
producción
y la metodología de Roig para las investigaciones educativas con
perspectiva
historiográfica, tal y como se titula el apartado, el camino me
devuelve a una
primera entrada a la obra de Roig
[3]
, o la puerta de ingreso a su sistema de pensamiento y
producción de
conocimiento, que comienza con la investigación del gobierno
educacional, y en
particular el de un organismo que requiere ser profundamente investigado
[4]
, a través de la introducción a la potente
definición del krausismo
argentino, ―visita obligada para
quienes indagamos el ciclo entre fines del siglo XIX y principios del
siglo XX―
como concepción para analizar el propio recorte investigativo.
De
allí, fue sustantivo reconocer sus categorías de
krauso-positivismo y eticidad
nacional, para revisar y fortalecer la indagación de las
trayectorias políticas
de quienes gobernaron la educación desde su formación
médica.
La
caracterización y significación del krausismo argentino
como una corriente de
pensamiento finisecular y de comienzos de siglo XX, ha generado una
trama
referencial que capta la complejidad de las definiciones sesgadas y
exhibe la
dinámica de las ideologías en pugna. Para inscribirlo en
el caso, y en
particular desde el territorio de la investigación, tomando como
periodos de
gobiernos educacionales, el ciclo denominado Los Centenarios
[5]
, comprendido entre 1910 y 1916, y recortando a su vez,
la
administración de las escuelas primarias, haciendo foco en el CNE
y sus presidentes, en particular el Dr.
José María
Ramos Mejía (1849 – 1914) y el Dr. Pedro N. Arata (1849
– 1922), ambos médicos,
para reconocer en sus trayectorias políticas, las
ideologías en las que se los
considera inscribir, ubicando el foco ahora en los tiempos de su
formación
académica. Roig que se ocupa del estudio de eclecticismo y su
tránsito hacia el
racionalismo, en Argentina, y así, amplía la lectura de
la escena de la segunda
mitad del siglo XIX, para comprender más cabalmente la
actuación de los jóvenes
médicos, para luego avanzar hacia el ciclo del novecientos en el
que dirigen la
educación desde el CNE. Seguir las trayectorias políticas
permite matizar las
inscripciones de la elite gobernante en una sesgada
caracterización, cuando se
vuelve a las tramas ideológicas complejas, por ejemplo, de la
influencia
francesa, en el pensamiento de la dirigencia desde la formación
de estos
cuadros.
Por
ello, las tramas ideológicas para inscribir a estos
médicos, Ramos Mejía y
Arata, ―y
para ponerlos por caso―, debieran ser revisadas a la luz de las citas de
autoridad a las
que apelan en sus sistemas argumentales. Ahora desde esta perspectiva
la
recurrencia de las citas de franceses, pueden ser resignificadas,
matizando
aspectos antes nombrados como prominentemente positivistas.
Siguiendo
las etapas de lo que Roig denomina como eclecticismo argentino, el
autor ubica
en el “otro lado” y señalando a los
eclécticos a José Ingenieros (1877-1925),
un médico de formación, el más conocido de los
discípulos de J. M. Ramos Mejía.
Para decirlo de otro modo, entre los precursores del eclecticismo se
encuentran
autores citados profusamente por Ramos Mejía en sus distintas
publicaciones, lo
que ofrece un giro interesante para volver a un análisis
crítico de ese
discurso, que posteriormente ancla en una clasificación monista
y
reduccionista, que sujeta a la ideología positivista. Es justo
decir aquí que
esta necesidad de superación había sido esbozada en su
tiempo, cuando Hugo
Biagini (1985) pone en movimiento al positivismo, desde el
título de la obra
que compila y dirige, exhibiendo la pluralidad y dinámica, del
amplio paraguas
en el que se constituye tamaña ideología.
Esto no
agota las problematizaciones en la disputa por los posicionamientos
señalados
por Roig, pero muestra por el caso, la relevancia para el estudio de un
ciclo,
poniendo énfasis en el gobierno y en la educación. Para
tomar otra lectura que
fortalece la hipótesis de la complejidad, puede decirse que la
arriba nombrada delimitación
categorial del krausismo, ―sustantiva
para ahondar en la formación de los cuadros dirigentes del
novecientos―,
permite mirar en el pasado, desde la trama variopinta y las
recepciones de los postulados de Karl C. F. Kraus (1781-1832) en
Argentina,
como así también, a quienes los discutían o
enfrentaban. Ya sea porque deja ver
su continuidad con ella, los matices o la disputa explícita a
sus postulados,
Roig muestra evidencias de la diversidad de las concepciones
finiseculares, que
requieren ahora ser revisadas en la escena del novecientos, para
desentrañar su
continuidad.
Por
supuesto que Roig es más que su obra más citada, se toman
para mostrarlo, los
estudios de Adriana Arpini (2021), en su recorrido de una perspectiva
de la
ética como disciplina filosófica y como medio para
aproximarnos a la relevancia
de su pensamiento:
En la
segunda mitad del siglo XX, la discusión sobre los problemas
éticos y
valorativos estuvo atravesada por el desarrollo de las ciencias
sociales,
económicas y políticas ―en
particular por el avance de la Teoría de
la Dependencia―, así como por la necesidad de llevar adelante
una crítica de
las ideologías vigentes. De ahí que, a partir de los
años 60, se asista a una
renovación en el modo de plantear esos problemas en los marcos
académicos y no
académicos, que ha dado lugar a distintas líneas de
desarrollo. Tal renovación
fue, no pocas veces, motivo de censura y de persecución de sus
representantes
por motivos ideológicos. En este ámbito dialógico
pueden ubicarse, entre otras,
las propuestas éticas de Enrique Dussel, Arturo Roig, Franz
Hinkelammert, Ricardo
Maliandi, Ignacio Ellacuría, Sirio López Velasco y,
más recientemente, las
aproximaciones a una Ética Intercultural de Raúl Forner
Betancourt y Ricardo
Salas Astraín. (Arpini, 2021, s/n)
La cita
en extenso revela que, al interior de este grupo de destacados
pensadores y
actores de su tiempo, la pregunta por el empleo de sus desarrollos para
la
investigación y la formación docente podría
extenderse a algunos de ellos. Por
cierto, esta entrada a la educación historiada con otras
bibliografías, muestra
también la necesidad de habilitar en este campo, otros sistemas
referenciales
de abordaje.
Sin
agotar, y como evidencia de la relevancia del estudio de Roig, cuando
concluye
de los pensadores a los que Roig pertenece y representa:
En
síntesis, las propuestas éticas de estos autores
latinoamericanos ―a través de
los cuales se ha intentado ejemplificar, aunque no agotar, el estado
actual del
pensamiento latinoamericano ― en cuanto reconocen en el punto de
partida en un
caso la dimensión moral del a priori
antropológico, en otro caso la vida humana desamparada, y en
otro la situación
de las víctimas de los sistemas opresivos, hacen ´posible
aquel desplazamiento
hacia la “subjetividad” ―no hacia la subjetividad
individual sino hacia la
constitución de “sujetos sociales”―, desde donde es
factible intentar una
respuesta con contenido histórico concreto a la pregunta por los
valores y
principios normativos del obrar. Ello no implica el olvido de la
exigencia de
la universalidad, también necesaria al momento de definir
valores y señalar
criterios de normatividad. Pero la aspiración a la universalidad
se abre
―emerge― desde la afirmación de la “subjetividad”
propia de un “nosotros”.
(Arpini, 2021, s/n)
Así, la
obra de Roig, al interior de esta inscripción, como parte del
pensamiento
latinoamericano, se continúa y complejiza en la relevancia
señalada por Arpini.
Y es este argentino, desde su producción y sus acciones
educativas, quien debe
ser considerado, en especial por su condensación con potencial
esclarecedor
cuando de pedagogía se trata.
Puedo
ver esta articulación desde la propuesta de Aripini que muestra
de la acción a
la norma y de la norma a la acción. Allí hay un
movimiento que permite sortear la
rigidez de leer una biografía sin atender a los trayectos, o
trayectoria
sentidos distintos y recorridos en distintas direcciones.
Las
imposiciones y la producción de conocimiento al decir de
Foucault (2010) como
saberes sometidos, revela en parte, que las tradiciones de lectura
hegemónicas,
han dejado por fuera, en algunos espacios académicos, tales como
los que forman
los cuadros docentes en la provincia de Buenos Aires, desarrollos que
han
conformado escuelas, esas que como la de Roig, que se hace sustantivo
recobrar
y expandir. Desde la referencia que Juan Carlos Tedesco formula en su
obra, Educación y sociedad en Argentina, puede
leerse en nota, cuando este último, estudia a Carlos Vergara:
“La obra más
completa sobre el krausismo argentino es, sin duda alguna, el libro de
Arturo
Andrés Roig, Los krausistas argentinos,
Cajica, 1969.”
[6]
(Tedesco, 2020, p. 321). Así quien delinea la
hipótesis fortísima
de la función eminentemente política de la
educación, en la escena de la
instauración del sistema educativo argentino, ingresa a
través del prisma de
Roig, cuando de krausismo se trata.
En mis
propias investigaciones, siguiendo la pista de la función
patriótica de la
educación, que instala el relato patricio de mayo al revindicar
el linaje, por
supuesto patriótico de Ramos Mejía, puede problematizarse
nuevamente, el cuestionado estado de la
cuestión, tanto
desde las categorías de análisis como en la
metodología de estudio. Entonces y
para indagar en las políticas
educativas con perspectiva historiográfica, y por caso, tomar el
recorte del
gobierno de la educación primaria, con el foco en el CNE, ahora
recobrando como
punto de partida a los funcionarios que formaban parte de las
estrategias de
intervención y de las intervenciones estratégicas del
organismo para
implementar la política educativa, para la función
eminentemente política,
tesis de Juan Carlos Tedesco. El estudio de un ciclo anterior al
novecientos en
la figura de Vergara, posee un potencial esclarecedor para revisar el
lugar de
los inspectores en su relación con la presidencia del CNE,
abriendo nuevas
hipótesis en cuanto al poder de los unos y los otros, en
relación a la acción
de gobierno. Se define la apertura hacía la
profundización de la trama vincular
del gobierno del CNE y los inspectores, entre las funciones delimitadas
en la
Ley 1420 y su acción concreta en territorio, que pueden leerse
en los informes
de Carlos Norberto Vergara, o luego en las publicaciones del
funcionario en el
Instructor Popular. Si bien las escenas que se analizan son dos, una se
encuentra entre el fin de las presidencias nacionales (1862-1880) y el
inicio
del denominado roquismo (1880-1910); y la segunda según otra
periodización en
los Centenarios, (1910-1916), cierre que coincide con el fin del ciclo
conservador, con el advenimiento del ciclo radical, estas definiciones
temporales pueden ser revisadas a la luz de las acciones de gobierno
educativo
y su funcionariado, al reconocer en su discurso la influencia de
corrientes de
pensamiento que surgen de su sistema de citas.
Si bien
existen esfuerzos realizados en relación a la figura de algunos
inspectores y
solamente para mencionar, al equipo de Marcos Olalla (2016) que, en el
estudio
de su producción titulada Pensar y hacer:
el oficio de El Instructor Popular en la educación argentina de
fines del siglo
XIX, amplía la mirada sobre los contenidos de este
inspector, o el trabajo
de Flavia Fiorucci (2015) y la narrativa de la acción de
Raúl B. Díaz en los
Territorios Nacionales, el desarrollo del estudio de los inspectores
como
sector del gobierno y sus funciones, está aún por hacerse.
En mis
propios estudios pude advertir la necesaria indagación de esta
capa
funcionarial y sus funciones específicas que permitirían
establecer, además de
los vínculos con la dirigencia del CNE y con el territorio,
entre las funciones
delimitadas por las Ley 1420, en su articulado y las efectivas acciones
que se
desprenden de los informes relevados y revelados, enviados a la
superioridad.
Como ya
se anticipa, en el apartado anterior, la obra escrita de Roig, es
solamente un
aspecto de la acción transformadora de Roig, desde sus
postulados hacia la
formación de docentes-investigadores. Una transformación
educativa concertada
en el espacio académico que en general tiende a conservar
tradiciones y
preservar modos escolásticos, como en el caso de la universidad,
es merecedor
de ser revisado, más aún, se vuelve imprescindible para
cambios genuinos,
recuperar el sistema de ideas del pensador que instaura una reforma
concreta.
Tal es el caso de Arturo Roig, según expresan sus
discípulos, cuando docente
universitario, promueve modos distintivos y sumamente interesantes para
abrir
el debate y habilitar proyectos que los vehiculicen.
De allí
que se vuelve provechoso desde el ámbito educacional revisar en
la obra de Roig
y en su actuación docente, algunas pistas intelectivas que nos
aproximen a sus
concepciones, sus modos metodológicos y producciones, para
revisarlas a la luz
de su obra educadora. Más aún, tomar sus perspectivas
educacionales para poder
apropiarlas y transitar desde allí su materialización en
la praxis.
Así el
pensamiento de Roig encarna una acción pedagógica, una
política educativa
institucional que irrumpe en tiempo preciso y que puede ser recuperada
para la
formación de los cuadros docentes en general, tomando
además los sustentos
epistémicos de su obra. Por ello sus escritos no deben ser
pensados solamente
desde la historia de las ideas del pensamiento latinoamericano, sino
que
rebasan el borde disciplinar para enriquecer al ámbito educativo
tanto en su
historia como en su presente y futuro. La obra de Roig, entonces se
constituye
en un legado que promueve la acción educadora y transformadora.
Este
docente-investigador
[7]
, es un exponente que reúne prolífera obra,
producto de sus
indagaciones, y que a su vez muestran un interés especial en la
educación, como
el estudio de Carlos Vergara y de Agustín Álvarez
[8]
, ambos tienen en común, la producción de
materiales de formación
para la escuela publicados en revistas educativas como el Monitor
de la educación común. Otro elemento que sustenta la
insistencia en la incorporación de sus trabajos en los
materiales bibliográficos
de formación docente.
Recordemos
una vez más que el desplazamiento del estudio del discurso
filosófico, o del
núcleo filosófico fundamentador del discurso, al momento
de “la producción
discursiva”,
como asimismo, el desplazamiento de la idea hacia el
sujeto
enunciador de la idea,
constituyen una de las vías más
importantes ―por
lo menos a nuestro juicio ―
para alcanzar una
visión totalizadora
del sistema de conexiones de una época.
Arturo Roig,
2008, p. 245
Algunas
líneas aquí de la reflexión
meta-metodológica, para abrevar en Roig, aspectos
que se consideran centrales de su enfoque metodológico y de sus
modos de
construir una metodología superadora de las imposiciones
hegemónicas devenidas
de los estándares del rigor científico impuesto a la
historia y a la
educación.
Transitar
la obra de Roig: entre la teoría y
la praxis, la cuestión del o los métodos con que aborda
sus investigaciones,
merece un tratamiento aparte, aunque más no sea en una especie
de punteo que no
agota el potencial metodológico del investigador. Si bien no
será exhaustivo,
se ofrecen algunas características que se desprenden de sus
afirmaciones al
respecto.
De sus
publicaciones periódicas se recuperan algunas significativas
formas de sortear
los reduccionismos y anacronismos para la construcción
periodizaciones e
inscripciones en corrientes de pensamiento finisecular; sostiene Roig
en un
artículo donde caracteriza el espiritualismo ecléctico
hacia 1870 en Mendoza y
ante la necesidad de explorar las reacciones antipositivistas del
’30 y la
necesidad de recurrir al pasado, dice Roig, en 1961:
Dos son las
vías por las que se deberá encarar la tarea: la
búsqueda y la sistematización
del material documental que aquéllos no conocieron y la
revaloración de los
pensadores del siglo XIX con la proyección que nos permite
nuestra perspectiva
histórica. Habrá también que trabajar para la
superación de ciertos lugares
comunes y de ciertas imputaciones desacertadas relativas al siglo
pasado. Una
de ellas, la más frecuente, es la de considerarlo “un
siglo positivista”, lo
cual es evidentemente erróneo como trataremos de mostrarlo
brevemente mediante
esta presentación de un movimiento de ideas que recibió
el nombre de “eclecticismo”.
(Roig, 2008, p. 297)
De lo
anterior se desprenden no solamente aspectos epistémicos de la
investigación,
de una reflexión metametodológica, necesaria en la
historiografía, que pone en
cuestión la recepción de las definiciones positivistas
rígidas y acotadas, sino
que además se ocupa de aspectos propiamente metodológicos
en cuanto a la
construcción de las categorías de análisis y las
inscripciones de pensadores al
interior de las mismas. Problematizar las nomenclaturas con las que se
caracterizan los ciclos históricos, interpelar al interior la
complejidad de la
trama de su constitución es una cuestión nodal de la
investigación que excede
los límites de la historia del pensamiento y es preciso revisar
en cada trabajo
que incorpore aspectos pretéritos de significados presentes.
Sin
agotar la potencia de su escrito, primero, recuperar la relevancia de
la
revisión de las categorizaciones problematizando las
afirmaciones y poniendo en
suspenso los pre-juicios para volver sobre las fuentes y tomar de ellas
las
evidencias que en principio tensionan el absolutismo positivista.
Para
el caso del estudio de la trayectoria
vital de Ramos Mejía, una de las cuestiones que aparecen en su
obra son
apelaciones a un saber –médico para construir un relato
histórico del
encadenamiento político de la multitud que sería el
origen del pueblo de la
nación argentina (Guic, 2021). Si bien esto puede advertirse en
la
sistematización del sistema referencial que emplea para
argumentar respecto de
la multitud argentina, las apelaciones a la literatura y el arte
exhiben que,
sus formas de presentar los comportamientos de la muchedumbre contienen
expresiones estéticas antes que científicas.
Además, y en su tiempo de
formación, al volver del exilio en Montevideo, en tiempos de la
Confederación
rosista y luego a su regreso en su trayectoria de formación
institucional en
Argentina, puede advertirse que transita obras diversas como la
picaresca de
Quevedo, del siglo XVII, de quien toma el seudónimo de
Licenciado Cabra, o las
apelaciones a citas de William Shakespeare, Dante y Virgilio, todos
ejemplos de
citas de Las multitudes argentinas (1899).
Otra
cita de Roig, interroga:
¿Cómo se
entiende que un pensador nuestro, que introdujo por primera vez en
nuestro
medio la filosofía positivista de Augusto Comte, el profesor
Julio Leónidas
Aguirre dijera en 1904 que el XIX era “el siglo de Víctor
Hugo?”. Ello fue
posible debido a que en efecto, a partir de 1837 y hasta la
década 1880 – 1890
reinó en nuestro país un clima espiritualista de corte
romántico. Nuestros
escritores de ese largo período se ubicaron dentro de las
diversas tendencias
francesas, que en forma global tienen como sustrato aquel clima:
socialismo,
doctrina, eclecticismo, tradicionalismo, racionalismo y krausismo,
cuyos
principales representantes han sido Leroux, Royer – Collard,
Cousin, de
Maistre, Quinet y Krause. A ellos hay que sumar el movimiento
romántico
literario cuya cumbre es sin duda Víctor Hugo. (Roig, 2008, p.
297)
Esta
pregunta puede llevarse a los casos de los diferentes políticos
que se formaron
en esta precisa atmósfera ecléctica y que muchas veces
fue sesgada con el
rótulo positivista. Si Ramos Mejía y Arata, se educaban
en este clima y ya
desde su lugar de estudiantes en publicaciones diversas, publicaban sus
escritos, sería apropiado pensar que no participaran del clima
de época, y
llevando más allá la pregunta y en la búsqueda de
respuestas primeras, algunos
de estos autores forman parte del sistema de referencias de los
autores.
En
cuanto a las producciones de Arata, se encuentran por el momento
escritos de
corte académico que todavía se están
profundizando, y en este caso remiten a
obras de Química, cátedra que ocupara el médico
desde su inserción
docente.
Para
cerrar este apartado y pasar hacia algunas consideraciones finales de
un
desarrollo que se encuentra en proceso, es oportuno considerar la
agudeza de la
problematización de Roig, que en continuidad con la cita
anterior expresa:
“¿Cuáles fueron los supuestos comunes del modo de
pensar de nuestros
compatriotas de entonces?”. (Roig, 2008, p. 297). Esta pregunta
abre por lo
menos dos caminos a quienes investigamos el ciclo, los supuestos
comunes, en
cuanto a las recurrencias que se desprendan del análisis
crítico discursivo, y
por otro los aspectos no comunes, que caracterizan sus modos de
intervenir en
este pensamiento colectivo, desde lo propio.
En
estas consideraciones finales, antes que conclusiones, se
procuró transitar de
la mano de quienes han sido los conocedores de la vida y obra, en todos
los
sentidos que ofrece la bina, docente- investigador, “un
hacedor” en términos de
examen y producción del conocimiento. Ya sea para continuar con
sus categorías
y sus formas de indagar el ciclo fundacional del sistema educativos,
para
matizar algunas de sus consideraciones, o porque hace ver, nota,
aspectos que
aún no se han revisado a partir de sus propios recorridos, Roig
en un escritor,
que en la producción de conocimiento además, comparte un
gran caudal de
estudios, sus propias herramientas metodológicas, y trabajos que
condensan,
además, una gran claridad para el acceso, a su vez, a su sistema
de
pensamiento.
De aquí
que una vez más se subraye la necesaria entrada a los estudios
de Roig para
complementar, reformular y ahondar las indagaciones del pensamiento
finisecular
y del novecientos, tanto para fortalecer y robustecer las propias
problematizaciones de indagación, como para matizar aspectos en
continuidad con
sus interrogantes fortísimos. En
caso de
la educación con perspectiva historiográfica del ciclo,
se constituye en una
entrada que procuro llevar a la dirigencia porteña, que conduce
la educación a
través del CNE.
Desde
el ámbito educacional, en particular y para abrevar en los modos
en que se han
formado quienes promovieron la instauración,
consolidación y promoción del
sistema educativo argentino. Merece ser reconsiderado para la
formación y la
investigación de un modo federal, atendiendo el reconocido
esfuerzo para
mantener vigente su obra desde la Universidad Nacional de Cuyo.
Brindar
esta posibilidad de ampliar la Historia y la Filosofía de la
Educación, para
dar a conocer a Roig implicaría movimientos varios en
términos educacionales,
como incorporarlo en los programas y planificaciones de los
profesorados,
espacios curriculares donde se conoce el origen y la fundación
del sistema
educativo argentino. Entonces y hacia el final se considera necesario y
oportuno,
canalizar los postulados de Arpini y la divulgación de la
pedagogía de Roig,
además, para reconocer la transformación educadora que
hizo posible cuando
docente en la universidad.
Hacer
posible y multiplicar la escuela de Roig, ampliando el horizonte de
estudio, es
parte de lo que inicia, el cierre de este trabajo.
Arpini,
Adriana. 2021. Tramas e itinerarios.
Entre filosofía práctica e historia de las ideas de
nuestra América.
Editorial Teseo. Disponible en https://www.teseopress.com/
tramaseitinerarios/chapter/alternativas-teoricas-para-el-abordaje-de-nuestra-america/
Biagini,
Hugo E., compilador. 1985. El movimiento positivista argentino,
Buenos
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Deleuze,
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[1]
Se toma para el presente trabajo la acepción de
discípulo/a desde
la significación primitiva que remite a quien sigue las
enseñanzas de un
maestro/a.
[2]
Si bien la investigación está en curso, en
la provincia de Buenos
Aires, los distintos profesorados, públicos o privados de
formación docente en
Matemática, Educación Física, Inglés y
Educación Especial, no emplean, ni
refieren en general obras del autor.
[3]
Considero oportuno agradecer a quienes, desde sus
investigaciones,
ahondando en las hipótesis de Roig, dieron continuidad a sus
tesis y han
consolidado una genuina tradición de lectura, que habilita la
recuperación de
su pensamiento, modalidad investigativa y acción transformadora
en la
Universidad Nacional de Cuyo, y desde este caudal, emplearlo en el
estudio del
gobierno de la educación con perspectiva histórica. Vaya
mi reconocimiento y
agradecimiento, muy especialmente a Adriana Arpini, Dante Ramaglia y
Marcos
Olalla, quienes desde sus desarrollos abrieron la entrada a mi
conocimiento de
Roig y su obra.
[4]
Vuelvo a poner énfasis en que los únicos
trabajos potentes en
relación al lugar del CNE en el gobierno de la Educación,
es el de Roberto
Marengo que forma parte de la obra de Adriana Puiggrós. (1991,
2021).
[5]
Tomo este ciclo particularísimo, entre 1910 y
1916, por encontrase
evidencias de consolidación, de un sistema educativo argentino,
fundado décadas
atrás, ahora establecido y afianzado desde las funciones del
Consejo Nacional
de Educación.
[6]
En nota 6, página 321 en Juan Carlos Tedesco,
Educación y sociedad
en argentina, Buenos Aires, Universidad Pedagógica, 2020.
[7]
Parte de esta hipótesis fue presentada en el 1er.
Congreso
Internacional de Educación denominado “Los Nuevos
Contextos Educativos en la
era digital y los procesos formativos del docente Facultad de
Educación de la
Universidad San Ignacio de Loyola, el 16 y 17 de abril, Perú.
[8]
Agustín Álvarez, un abogado que escribe
hacia fines del siglo XIX
en El Monitor bajo la presidencia del CNE de José María
Gutiérrez, ocupándose,
por ejemplo, del tiempo atencional de alumnos: Las horas de clase y la
atención
de los niños, (El Monitor, 1898, p.497-499). También
surgen apariciones en la
sección oficial por su actuación como funcionario. Para
estudiar a Álvarez se
recomienda la lectura del trabajo de Dante Ramaglia (2003).