Estudios de Filosofía Práctica e Historia de las Ideas / E-ISSN 1851-9490 / Vol. 26 / Sección Dosier
Revista en línea del Grupo de Investigación de Filosofía Práctica e Historia de las Ideas /
Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales (INCIHUSA)
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)
www.estudiosdefilosofia.com.ar / Mendoza, Argentina / 2023 /
.
Diffractions in Une Tempête: in postcolonial and
feminist contexts
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET),
Instituto
de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales (INCIHUSA),
Centro Científico
Tecnológico (CCT) Mendoza, Argentina.
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET);
Universidad
Nacional de San Juan, Instituto de Filosofía. Argentina.
Recibido: 15/02/2023
Aceptado: 28/06/2023
Resumen. Como
en un juego de cuerdas, las cápsulas que aquí maduramos se dispersan. Cada
cápsula transcribe extractos del drama de Une
Tempête de Aimé Césaire. La metáfora óptica que remite a Haraway (2016) y
su pensamiento tentacular, nos provoca a desprendernos de lo mismo, a
distanciarnos del reflejo, a no exponer conclusiones para insistir en procesos
y relaciones que devienen significados consecuentes. Este texto, entonces,
despliega, como un juego de hilos entre manos, interferencias, interrupciones,
difracciones que hacen visible lo que no veíamos, que hace audible lo que no
escuchábamos pero sobre todo nos coloca en otro lugar para ver y escuchar
ahora, de otro modo, junto a miradas que han quedado fuera de la episteme
colonial lo escrito por Césaire. En conversación entre nosotrxs y con otrxs
ponemos en práctica la complejidad epistemológica para establecer conexiones
parciales políticas, eróticas y poiéticas, poscoloniales y feministas.
Palabras clave.
reproducción, colonialismo, revolución, genealogías.
Abstract. As in a game of strings, the capsules that we
ripen here disperse. Each one transcribes extracts from the Aimé Césaire´s play
Une Tempête. The optical metaphor
that refers to Haraway (2016) tentacular thinking, provokes us to detach
ourselves from the same thing, to distance ourselves from the reflection, not
to expose conclusions in order to insist on processes and relationships that
become consistent meanings. This text then unfolds, like a game of strings in
hand, interferences, interruptions, diffractions that make what we did not see
visible, that makes what we did not hear audible, but above all, it places us
in another place to see and listen what Césaire wrote otherwise, joining views
what have been left out of the colonial episteme. In conversation with each
other and with others, we put epistemological complexity into practice to
establish political, erotic, poietic, postcolonial, and feminist connections.
Keywords. reproduction, colonialism, revolution,
genealogies.
“La historia del cuerpo y de la caza de brujas
está basada en un supuesto que puede resumirse en la referencia a
Calibán y la bruja,
Los personajes de La tempestad, símbolos de la resistencia de los indios
americanos a la colonización. El supuesto es precisamente la continuidad
entre la dominación de las poblaciones del Nuevo Mundo y la de las
poblaciones de Europa,
en especial las mujeres, durante la transición al capitalismo.”
(Federici, S. 2015, 340)
“¿Podría haber sido diferente el
resultado de la conspiración de Calibán
si sus protagonistas hubiesen sido
mujeres?
¿Y si los rebeldes no hubieran
sido Calibán sino Sycorax, su madre,
poderosa bruja argelina que Shakespeare
oculta en el fondo de la obra,
ni Vínculo y Stefano sino las
hermanas de las brujas que,
en los mismos años de la
conquista, estaban siendo quemadas en las hogueras de Europa?”
(Federici, S. 2015, 193)
Se estrena en 1969 Une
Tempête[1],
la adaptación para un teatro negro de La
Tempestad de Shakeaspeare (1611). Reescribe el martiniqueño Aimé Césaire,
en contexto revolucionario, el drama. También en Latinoamérica hubo
apropiaciones de las figuras de La
Tempestad en el contexto fundacional del modernismo. Roberto Fernández
Retamar dedicó gran parte de su Calibán
(1971) a la historización de las ideas desarrolladas al respecto. José Enrique
Rodó divulga en 1900, con su Ariel,
un símbolo que ya en 1898, Paul Groussac había encarnado en Calibán. La
identificación rodoniana: Calibán-Estados Unidos y Ariel-lo mejor de nuestra
civilización, invierte la interpretación por la cual Calibán personificó al
pueblo que tuvo éxito en la conspiración contra Próspero. Esta última
interpretación fue formulada por Ernest Renán, en una lectura racista/clasista,
hacia 1878. El Humanismo burgués y
humanismo proletario de Aníbal Ponce, de 1935; la Psicología de la colonización de Octave Mannoni, de 1950, entre
otras obras, han encontrado a veces en Calibán, a veces en Ariel, lo que nos
define o nos distingue (Alvarado, M. 2003, 156). “(…) [R]esulta irónico que sea
Calibán -y, no su madre, la bruja Sycorax-, a quien los revolucionarios
latinoamericanos tomaron después como símbolo de la resistencia a la colonización”
(Federici, 2015, 365). Aunque en el epígrafe como en esta cita que
transcribimos aquí Federici se refiere a la obra shakespeareana, nos interesa
invocar a Sycorax. Madre-bruja, metonimia de las mujeres condenadas en Europa
como en el “Nuevo Mundo”, por la caza de brujas[2]
como en el genocidio amerindio y el holocausto americano, des(a)nuda el lado
oscuro de la modernidad revisada por pensadoras feministas.
Retamar
conjuntamente con dos antillanos, Kamau Brathwaite y Aimé Césaire, serán
quienes realizan una nueva lectura de La
Tempestad (Alvarado, M. 2003, 157). En Une
Tempête confluyen y se condensan discursos críticos al colonialismo pero
sobre todo a las formas de explotación y expropiación del capitalismo moderno
colonial patriarcal, a sus modos de disponer, controlar y apropiarse de
territorios, bienes, cuerpos, vidas, relaciones, trabajos, saberes y
experiencias.
Los tráficos, tránsitos y traducciones norte-sur
acercan referencias locales-globales. En Revolución
en punto cero (2013) y Calibán y la
Bruja (2020), Silvia Federici a horcajadas de la tradición marxista propone
nuevas perspectivas de análisis; toma los aportes teóricos de Leopoldina
Fortunati para revisar el trabajo (no) asalariado y el trabajo reproductivo
contra la teoría de la acumulación originaria. La crítica poscolonial feminista
toma la obra de Shakespeare y Césaire para deconstruir la episteme moderna
colonial imperialista patriarcal y resignificar las intersecciones
género-raza-clase-sexualidad. Apoyada en la teoría poscolonial y el
posestructuralismo francés, Matilde Escobar Negri (2020) se enfoca en la figura
del doble como personaje conceptual que permite visibilizar prácticas,
discursos, posiciones constitutivas de la colonialidad en Une Tempête.
A pedido de Jean-Marie Serreau, Aimé Césaire hace su
adaptación de los personajes de La
Tempestad y allí aclara: “Dos precisiones suplementarias: Ariel, esclavo,
étnicamente mulato; Calibán, esclavo negro” y, “Una adición: Eshú, Dios-diablo
negro”, deidad de los yoruba (Césaire, A. 2011, 43). No advertir el carácter de
madre, bruja, hechicera, migrante africana de la argelina Sycorax, dueña de la
isla -¿desertora del comercio exclavista?- sería tan grave como no considerar
que Calibán y Ariel son esclavos racialmente marcados.
El drama inicia con una didascalia: “Atmósfera de
psicodrama. Los actores entran unos después de otros y cada uno elige una
máscara de acuerdo con su conveniencia” (Césaire, A. 2011, 43). El uso de
máscaras, una práctica frecuente en el teatro revolucionario de posguerra, se
propone aquí por conveniencia para hacer ver y hacer pensar.
Próspero,
humanista, europeo, geógrafo, cartógrafo, imperialista, destronado por
intereses de conquista, el soberbio usurpador blanco, un terrible dominador que
llega a una isla y la conquista reduciendo al otro a la esclavitud. Une Tempête reescribe al amo desde el
comienzo como un colonizador consciente con fines únicamente materiales.
Césaire se apropia de la crítica de Frantz Fanon de la teoría hegeliana del amo
y el esclavo en Piel negra, máscaras
blancas, en la que no ve reciprocidad posible de la dependencia; el amo se
burla de la conciencia del esclavo de quien no reclama reconocimiento; el amo
blanco sólo quiere del esclavo negro su trabajo y, el esclavo negro, no encuentra
en su trabajo liberación posible. Calibán ridiculiza al amo y modula, seguro de
sí mismo, en swahili, una palabra de su herencia africana. En su primera
intervención grita “Uhuru” -libertad- que, luego, se expresa como “Freedom,
freedom”; un grito que deviene canto en el cierre de la obra “¡La liberté hé,
la liberté!” (Césaire, A. 2011, 152). Una poética del final que anticipamos en
este inicio.
Entonces, comencemos; maduremos las cápsulas
dehiscentes, dispersemos su contenido, pongamos en ejercicio un pensamiento
tentacular (Haraway, 2019, 112), ampliemos la escucha y atendamos a las
difracciones que resuenan en las semillas que se disipan. Así, en lo que sigue,
nuestra escritura articulará Cápsulas (transcripciones breves de Une Tempête); Semillas (temas o
problemas a dispersar tentacularmente) y Difracciones (lo que Césaire nos deja
decir, lo que podemos leer en las transcripciones, aquello que nos autorizamos
a pensar en conversación, conexiones parciales).
a.
CALIBÁN: ¡Uhuru!
PRÓSPERO: ¿Qué decís?
CALIBÁN: ¡Dije Uhuru!
PRÓSPERO: Otra vez una oleada de tu lenguaje bárbaro. Ya te
dije que eso no me gusta. Además, podrías ser amable,
¡unos buenos días no te matarían!
CALIBÁN: ¡Ah! Me olvidaba… Buen día. Pero un buen día
dentro de lo posible lleno de avispas, sapos, pústulas y
excremento. Ojalá pueda el día de hoy apurar diez años el
día en que los pájaros del cielo y las bestias de la tierra se
sacien con tu carroña!
b.
CALIBÁN: Y bueno, lo siguiente: he decidido que no voy a ser
más Calibán.
PRÓSPERO: ¿Qué es esta nimiedad? ¡No entiendo!
CALIBÁN: Te digo que desde este momento no respondo más al
nombre de Calibán.
PRÓSPERO: ¿De dónde te vino esto?
CALIBÁN: Y bien, de que Calibán no es mi nombre. ¡Es simple!
PRÓSPERO: ¡Tal vez es el mío!
CALIBÁN: Es el apodo con el que tu odio me atavió y del cual
cada llamado me insulta.
PRÓSPERO: ¡Carajo! ¡Nos ponemos susceptibles! Bueno, proponé…
¡Es necesario que te llame de alguna manera! ¿Cómo
va a ser? Caníbal te iría bien, ¡pero estoy seguro que no te
va a gustar! Veamos, ¡Aníbal! ¡Ése te va bien! ¡Por qué no!
¡Los nombres históricos le gustan a todo el mundo!
CALIBÁN: Llamame X. Es mejor. Como quien dice el hombre
sin nombre. Más exactamente, el hombre al cual le robaron
el nombre. Vos hablás de historia. Y bueno, eso también es
historia, ¡y famosa! ¡Cada vez que me llames, eso me va a
hacer recordar el hecho fundamental, que vos me robaste
todo, incluso mi identidad! ¡Uhuru!
Semillas:
Lenguaje /narrativa / identidad / gramática /episteme / ontología / un modo de
mirar el mundo-isla-colonia.
¿Cuál es la lengua del colonizador? ¿Cuál la del
bárbaro? ¿Cuál es la lengua de la liberación? ¿Cuál es la lengua de la
denuncia, la de la rebeldía, la de la resistencia? Próspero no entiende porque
es incapaz de aprender, peor aún de reconocer a Calibán. Pretende en todo caso
salvarlo de la barbarie que le atribuye por ignorar, por no comprender, por no
entender. ¿Por qué es necesario hablar la lengua del amo? La gramática produce
y garantiza la reproducción de ciertas prácticas y relaciones; ubica a cada uno
en su lugar; asigna roles y estereotipa posiciones; impone el poder semiótico
engenerizado, heterosexuado y racializado del capital; modula las memorias así
como las futuridades; cancela las posibilidades de otros mundos por venir.
Calibán denuncia no-ser, se rebela a ese monolingüismo y resiste a ser
asimilado por la lengua del amo. Opta devenir incógnita. Una X. Lo que no puede
ser nombrado. Lo intraducible. Lo que escapa a toda representación. Reclama no
ser nombrado Calibán; no quiere ser insultado. Quiere que lo llame sin nombre
porque su nombre ha sido robado como le fue robada su identidad. La X marca esa
falta, esa ausencia, ese vacío. La X es una marca histórica. Se instala como
elemento subversivo en el sistema moderno colonial patriarcal así como en
Malcolm X, cuya X reemplaza al apellido del amo blanco, un símbolo que da
cuenta de la identidad robada; así como en el lenguaje inclusivo, la X
visibiliza mundos por vivir que el lenguaje binario aborta.
Cada una de estas preguntas son parte de una serie
atravesada por la urgencia de la invención. Calibán hace muchos reclamos pero
Césaire lo habla en los lindes de la lengua colonial, en el lugar preciso en
donde todo el universo que sostiene a un sujeto puede desmoronarse. Quizás,
podríamos pensar, evocando los asombros del Borges de “Tema del Traidor y del
Héroe” (1944) con respecto a la relación entre
historia y literatura, que en Une Tempête
Césaire nos ofrece una nueva paradoja y ella es, que no hay historia del
Caribe que no pueda ser imaginada antes como un texto dramático, y que las
reglas de ese texto nutren el espacio de invención de una lengua política,
estética y cultural.
Pronto nos enteramos que unos 17 años antes de que se
publicara por primera vez Une Tempête,
Frantz Fanon, escribió en Piel negras,
máscaras blancas que el lenguaje, tal como le había enseñado Paul Valery,
funcionaba como “un dios extraviado en la carne” ([1952] 2009, p. 50). Fanon lo
lee, porque antes leyó a Aimé Césaire, forjando con otras y otros (Suzanne
Césaire, Paulette Nardal, Diop, etc.)[3]
la lengua de la negritud y encuentra que en el ritual de conexión de la lengua
con la carne se funda un modo de ser, una manera subjetiva de existir en el
colectivo. Dirá por ello (no literalmente) que hablar es soportar el peso de
una civilización, no es sólo dominar determinada sintaxis o la gramática de una
determinada lengua ([1952] 2009, 49). Se sabe, ella está habitada por miles de
relaciones que fueron de otros, acuñadas en otros tiempos y espacios. Y no
habría nada de extraño en ello si no pesaran dos momentos que se reinician en Une Tempête y en la extensa lengua
poética de Césaire: el momento colonial y el momento racial. Fanon sabe, como
Césaire le hace saber a Calibán, que en la lengua colonial se acuña un lazo y
una borradura. Una cosa es saber que se llega a la lengua y ella es de la
comunidad, pero otra muy distinta es saber que se llega a una lengua donde no
hay otro registro que aquel que se actualiza de manera rutinaria en la
expulsión del cuerpo racializado y sexuado del conjunto de referencias que esa
misma lengua provee. X, como dijimos, es ausencia, señal de una falta -señal de
los nadies escucharemos decir más tarde desde la selva Lacandona- pero también
una promesa. Repitamos, un lazo y una borradura. Un lazo porque los cuerpos no
pueden evadir la lengua pero también porque pueden disputarla. Un lazo que
anuda identidad, diferencia y reconocimiento en la modernidad hegemónica desde
la negación del otrx practicada en la colonialidad del ser; un lazo que
habilita, en la exterioridad de la modernidad, a la herida colonial en la
afirmación de prácticas de resistencia que devienen modernidades alternativas
impensadas para la modernidad.
Una borradura porque para la lengua colonial no hacen
falta los cuerpos nativos, en todo caso, ellos son objeto de una contabilidad.
Pero allí también está la indistinción con que empezamos preguntando cuál es la
lengua del colonizador, cuál la del bárbaro. Calibán informado por Césaire, el
dramaturgo que hizo del neologismo en el francés contemporáneo un arte del
pensamiento, disputa el nombre asignado, se desplaza, va a la X, disputa la
tranquilidad ontológica de Próspero que sólo pide, nada menos, ser reconocido
por tantas buenas obras en la isla y en la vida de Calibán. Ese momento
preconiza, creemos, la rutina del capital que viste los ropajes del desarrollo
en su despliegue moderno. Su tarea, pero casi su misión podríamos decir sin
error, es que quienes son alcanzados por cada ciclo de acumulación reconozcan
el favor que se les ha hecho al sumarlos a la (H)istoria. Lo sugerimos antes:
una lengua es también, entre otras cosas, una disputa. La lengua anticolonial
se forja frente a la evidencia de la falta y la desafiliación pero toma las
palabras del vocabulario que intenta dejar atrás y cada tanto marca el signo,
lo difiere, lo desplaza, lo pone en un lugar imprevisto. Por ello no la asiste
ninguna ontología, es una lengua táctica, se repliega cuando hace falta y no se
deja habitar por la contradicción, que es, después de todo el eterno retorno al
binarismo. La lengua anticolonial improvisa. Vayamos despacio.
a.
Se escucha el rugido del mar.
ESTEBAN: Decime, buen salvaje, ¿qué es ese ruido? Se diría que el rugido
de una bestia acorralada.
CALIBÁN: No acorralada, sino agazapada… No te preocupes, es mi
compañera.
ESTEBAN: Parecés discreto al hablar de tus relaciones.
CALIBÁN: Ella me ayuda incluso a respirar… Es por eso que la llamo
compañera. De tanto en tanto, ella estornuda y una gota cae sobre mi frente y
me refresca con su sal o me bendice…
ESTEBAN: No entiendo. ¿No estarás borracho?
CALIBÁN: ¡Caramba! ¡La encrespada, la no tan paciente, la rumiadora, la
que bruscamente se despierta con un trueno de Dios y le da en la cara, lanzando
desde los últimos fondos
del abismo su bofetón de espuma histérica! ¡La mar, che!
ESTEBAN: ¡Extraño país! ¡Extraño bautismo!
CALIBÁN: Pero lo más lindo es el viento y sus canciones, el hipo salaz
cuando farfulla el zarzal, o su triunfo, cuando pasa, segando los árboles, con
las migajas de sus lamentos prendidas en su barba.
b.
ARIEL: ¡Hola, Calibán! Sé que no me estimás demasiado, pero después de
todo somos hermanos, hermanos en el sufrimiento y en la esclavitud, hermanos
también en la
esperanza. Ambos queremos la libertad, sólo nuestros métodos difieren
CALIBÁN: Hola a vos. ¡No es sin embargo para hacerme esta
profesión de fe que viniste a verme! ¡Vamos, Alastor! Te
manda el viejo, ¿no es cierto? Qué linda profesión: ejecutar
los altos pensamientos del Amo!
ARIEL: No, vengo por propia voluntad. Vine a advertirte. Próspero
medita contra vos espantosas venganzas. Creí que mi
deber era ponerte al tanto.
c.
ARIEL: Sabés bien que no es eso lo que pienso. Ni violencia ni sumisión.
Entendeme bien. Al que hay que cambiar es a Próspero. Turbar su serenidad hasta
que al fin reconozca la existencia de su propia injusticia y le ponga un
término.
CALIBÁN: ¡Ah, bueno! ¡Dejame que me ría! ¡La conciencia de Próspero!
Próspero es un viejo rufián que no tiene conciencia.
ARIEL: Justamente, hay que trabajar para darle una. Yo no lucho sólo por
mi libertad, por nuestra libertad, sino también por Próspero, para que le nazca
una conciencia. Ayudame,
Calibán.
CALIBÁN: Escuchame, Arielito, ¡a veces me pregunto si no estás chiflado!
¿Qué le nazca una conciencia a Próspero? ¡Es lo mismo que pararse delante de
una piedra y esperar que le broten flores!
ARIEL: Me desesperás. A menudo he tenido el sueño excitante de que un
día Próspero, vos y yo, hermanos asociados, nos encargaríamos de construir un
mundo maravilloso, cada uno aportando sus propias cualidades: paciencia,
vitalidad, amor, voluntad también, y rigor, sin contar los ocasionales
arranques de ensueños sin los
que la humanidad moriría de asfixia.
CALIBÁN: No entendiste para nada a Próspero. No es un tipo de los que
colaboran. Es un chabón que sólo se siente alguien cuando aplasta a alguno. ¡Un
atropellador, un prepotente, eso es! ¡Y vos hablás de fraternidad!
ARIEL: ¿Y entonces, qué queda? ¿La guerra? Sabés que en ese juego
Próspero es imbatible.
CALIBÁN: Más vale la muerte que la humillación y la injusticia…
Semillas:
Hermandad / Fraternidad / Compañera / Cofradía / Alianza /.
El bramido de las fieras, el rugido del viento, el
ruido de lo desconocido, farfullan otras poéticas, otras políticas, otras
eróticas inaprensibles para el monolingüismo de Próspero, aunque audibles para
la sensibilidad exquisita de Calibán. “Discreto en sus relaciones” Calibán
tiene compañía, no está solo; y, su compañía anoticia la existencia de fuerzas
femeninas, de agentes no-humanos o no-vivos que habitan la isla. Lo que aparece
a disposición del colonizador, la mar, el viento, la tierra, el aire tiene
capacidad de agencia en relación con. Capaz de apreciar los bofetones de espuma
histérica o el hipo salaz del viento anticipa formas de vinculación que escapan
a la explotación/depredación de bienes comunes o la transformación de esos
bienes en recursos naturales. ¿Quién es su compañera? ¿Aquella con quien come
el pan, con quien comparte la vida, con quien construye lo común, con quien
hace comunidad, con quien está en confianza para abrazar por-venires? ¿Calibán
y Sicorax com-pan-y-eros?
La imagen da vuelta por completo la alegoría de la
india América (1638), la misma del grabado realizado por Galle sobre el dibujo
de Jan Van der Straet[4],
y que Michel De Certeau evocó al inicio de La
Escritura de la Historia. La isla, el territorio, no están a disposición de
Próspero, son fuerzas que traman modos secretos de relación, fuera del alcance
del ojo colonial, que persisten en sus lazos sutiles. Sin embargo, lo que
aparece como promesa de otros mundos no garantiza que los haya. La tragedia
encuentra un domicilio preciso aquí. Se sabe que Calibán articula en él otras
formas de relación, otras poéticas, pero se sabe también que ninguna de ellas
soporta la temporalidad que el colonialismo y el capital traman. Y su capacidad
de invención reside más en el rechazo, en lo infranqueable de su lengua
política, que en un rol fundacional. Calibán usa la lógica de la sustracción.
Donde se le reclama un cuerpo, lo retira, donde se le reclama un nombre, lo
borra y deja una incógnita, donde se le reclama una comunidad poscolonial, como
lo hace Ariel en su intento de convencerlo de darle una conciencia a Próspero,
interpone la risa burlona pero también cierto desasosiego ¿Será suficiente
retirarse por completo, no admitir de plano el contrato colonial ofrecido por Ariel?
¿Quedará algo allí que los conecte?
Ariel y Calibán no son compañeros. La pretensión de
Ariel de hermanarse en el sufrimiento y en la esclavitud que la matriz colonial
les impone, aunque ¿aspiren a lo mismo? difiere en métodos - “ni violencia ni
sumisión”; “más vale la muerte antes que la humillación y la injusticia”
(Césaire, A. 2011, 81), tanto como la tendencia a la no-violencia de Martin
Luther King y el uso de la violencia de los Black Power contra la supremacía
blanca. Aspira Ariel a hermanarse en el trabajo de crear conciencia, de hacerle
nacer una conciencia a Próspero. ¡Ariel ha tenido un sueño! Crear en
fraternidad un mundo entre los tres. ¿Sería posible un pacto interracial entre
colonizador y colonizado? ¿Podrían devenir alianzas entre masculinidades
hipertrofiadas? ¿Qué mundos serían posibles entre masculinidades racializadas
expulsadas a la condición de no-blanco y colonizadores que exhiben y reproducen
la capacidad de control pretendidamente inherente a la posición masculina en un
único mundo posible que se impone en blanco y con falo?
Las
tensiones de la descolonización laten al lado de
estas escenas ¿Con quién fundaría un pueblo
Calibán, con quién Ariel? ¿Qué
tendría para decir allí Próspero? ¿O por
qué deberían, en cualquier caso, ser fundadores?
Es el lenguaje del amo el que se revela prístino en el
diálogo entre Calibán y
Ariel. Es un diálogo en ruinas porque el lenguaje mismo que los
sostenía lo
está también. Ninguna de las formas destinadas a pensar
los personajes en la
obra de Césaire los contiene. Ese gesto, no tan visible en The Tempest se vuelve clave en Une
Tempête. El tramado de los títulos de la obra juega un papel adicional. Del
artículo definido en la obra de Shakespeare, el “The”, al indefinido “Une” en
la de Césaire, no sólo pasan dos idiomas sino también dos mundos y varios
siglos. “Une” refiere a una situación vaga que, sin embargo, puede ser muchas,
en la deriva de las historias caribeñas que interrumpen el orden teleológico
mostrando su contingencia. Si frente al lenguaje en ruinas debe haber opciones
“Une” refiere mejor el problema que “The”. Es un mundo de posibilidades,
supervivencias y restos en el que se pueden anudar algunos pactos y sobrevivir
otros, todos, claro, menos definidos. Césaire tiene muy presente esto y casi
siempre su respuesta es la invención, el neologismo, y el gesto inesperado en
las poéticas y políticas del siglo XX, a saber, que frente a la demanda de
orden colonial y moderno no importa la dimensión del mismo o su legitimidad, lo
que hay que hacer es reír, beber y cimarronear[5].
Se podría decir sin temor, evocando a Fanon, que se trata de otra arquitectura
de lo temporal ([1952] 2009, 46). También se podría pensar que en la
indeterminación no sobreviven otros pactos implícitos, profundos, incluso no
visibles tramados en las lógicas coloniales y que, a pesar de los rechazos y
sensibilidades de Calibán, siguen presentes y de algún modo lo subjetivan, más
allá de la evidencia de que tiene otra relación con el mundo.
Quizás, en ese único mundo posible, el único pacto
posible sea aquel que refiere Aura Cumes (2019) desde los aportes de Rita
Segato (2011), Julieta Paredes (2013) y Breny Mendoza (2014): el pacto
patriarcal entre colonizadores y colonizados por el que se sostiene hasta
nuestros días la indiferencia de los hombres frente a la violencia contra las
mujeres. Pacto patriarcal en el que se mantiene, entre otros prejuicios, la
voracidad sexual del hombre negro (Calibán) sobre las mujeres blancas
(Miranda). Cumes refiere al pacto colonial racial de las mujeres no-indígenas
con los hombres de su mismo origen sostenido en el privilegio de la supremacía
blanca. El pacto colonial racial, en el único mundo posible de Próspero
co-implica el sistema sexo-género moderno colonial. La supremacía del europeo
sobre el no-europeo, del blanco sobre el negro, del hombre sobre la mujer, del
padre sobre la hija no sólo tiene sexo y color sino que alteró exponencialmente
los vínculos, las relaciones, las compañías, las fraternidades, las formas de
ejercer autoridad y generar acuerdos así como el entre quienes hacer alianzas
sobre quiénes y para quiénes. Miranda, la mujer en la matriz colonial, el
regalo, un presente tanto como una adquisición, la esposa, el cuerpo que
promete la reproducción de lo mismo. ¿Qué otras fuerzas traman relaciones
secretas que desarmen la prepotencia de los privilegios del régimen heteronormativo
reproductivo?
a.
PRÓSPERO: Dado que manejás tan bien la invectiva,
podrías por lo menos agradecerme el haberte enseñado a hablar. ¡Un bárbaro!
¡Una bestia bruta que yo eduqué, formé, que yo saqué de la animalidad que
todavía se manifiesta todo el tiempo!
CALIBÁN: Desde ya eso no es verdad. No me enseñaste
nada de nada. Salvo, por supuesto a chapurrear tu lengua para comprender tus
órdenes: cortar madera, lavar los platos, pescar, plantar legumbres, porque sos
demasiado haragán para hacerlo. En cuanto a tu ciencia, ¿alguna vez me la
enseñaste? ¡Bien que te la guardaste! Tu ciencia te la guardás egoístamente
para vos solo, encerrada en esos libros gordos que están ahí.
PRÓSPERO: ¿Qué serías vos sin mí?
CALIBÁN: ¿Sin vos? Pero, ¡sencillamente el rey! ¡El
rey de la isla! El rey de mi isla, a la que tengo derecho por Sycorax, mi madre.
b.
PRÓSPERO: Hay genealogías de las cuales es mejor no
vanagloriarse.
¡Una vampira! Una hechicera de la cual, gracias a
Dios, la muerte nos liberó.
CALIBÁN: ¡Muerta o viva, es mi madre y no voy a
renegar de ella! Además, vos creés que está muerta sólo porque vos creés que la
tierra es algo muerto… ¡Es tanto más cómodo! ¡Como está muerta, entonces se la
pisotea, se la mancilla, se la desprecia con un pie vencedor!
Yo la respeto, porque yo sé que ella está viva, y
que Sycorax vive.
¡Sycorax, mi madre!
¡Serpientes! ¡Lluvia! ¡Relámpagos!
Y yo te encuentro por todos lados:
En el ojo de la laguna que me mira, sin pestañar, a
través de los juncos.
En el gesto de la raíz retorcida y su brote que
espera.
¡En la noche, la toda-vidente ciega, la
toda-husmeadora sin nariz!
…Por otra parte, a menudo ella me habla en sueños y
me advierte… De hecho, incluso ayer, cuando estaba panza abajo al borde del
río, bebiendo un agua fangosa,
y la Bestia se aprestaba a asaltarme con una roca
en la mano.
Semillas:
Trabajo / trabajo doméstico / trabajo afectivo / trabajo inmaterial /
extractivismo / genealogías.
Sacar de la animalidad a través de la educación es
dominar, domesticar, someter. La actitud paternalista de Próspero organiza la
prosperidad que habilita el habla. Hablar la lengua del amo es salvarlo de sí,
de su brutalidad, es colonizar. Haber aprendido la lengua del amo es haber sido
sometido a nombrar la isla como el blanco nombra el mundo, como jerarquiza los
seres que lo habitan, como clasifica los lugares que ocupan, como compone el
orden de la naturaleza. Calibán da cuenta de su experiencia: responder a las
necesidades del amo; chapurrear una lengua que no abraza su mundo ni lo
contiene en él más que como quien acata órdenes. Hablar la lengua del amo es
ubicarse en un lugar para realizar tareas serviles.
Denuncia Calibán la división racial del trabajo; la
escisión doxa-episteme propia de la matriz moderna colonial capitalista que
implica también la larga lista de otros dualismos a los que, casi sin querer,
nos fuimos acostumbrando: pensamiento-experiencia, alma-cuerpo,
cultura-naturaleza, hombre-animal, humano-no/humano, opresor-oprimido,
europeos-africanos, blanco-negro, producción-reproducción, tiempo de
vida-tiempo de trabajo, trabajo material-trabajo inmaterial, trabajo
manual-trabajo intelectual. El entramado modernidad/colonialidad/patriarcado y
sus contubernios con el capitalismo en la división racial y sexual del trabajo
se hace patente aquí: las tareas que son necesarias para la reproducción de la
vida, aquello que hoy conocemos como trabajo doméstico no remunerado, o bien
como trabajo afectivo, o bien como tareas de cuidado no están en manos de
Miranda (la mujer blanca europea hija de Próspero), están en las manos de
Calibán, el esclavo negro en la lengua del amo. ¿Cuál es la lengua que hablamos
si narramos la historia de Miranda? ¿Qué carne nos (en)cubre si hablamos por
Calibán? ¿Dónde quedan las brujas asesinadas como tributo a una modernidad
eurocentranda o la masacre americana de intrusión colombina en la historia de
Miranda o en la de Calibán? ¿A qué genealogía adscribimos? ¿De quiénes somos
hijas?[6]
Calibán, el rey de la isla, el hijo de Sycorax, la
dueña de la isla. Calibán reivindica su genealogía, su legado, su herencia en
la figura de Sycorax, madre antes del orden colonial, no-mujer para el
colonizador y bruja. Viva en la tierra que pisan. Su compañera. Agua, aire,
tierra: lo común.
Próspero enuncia un final: Sycorax, “de la cual,
gracias a Dios, la muerte nos liberó” (Césaire, A. 2011, 65). En esa
enunciación extiende el poderío y dominio del colonizador europeo: disponer de
los cuerpos, de la naturaleza, de los recursos a su antojo; negarle su poder
agente como ente vivo o no-vivo en la red de relaciones en la que se inscribe,
que sostiene y vitaliza. Calibán desnaturaliza ese ejercicio de poder y
dominio; interrumpe su operación en lo común, Próspero cree que está muerta,
Próspero cree que puede con ella, pero lo común es de todos y de nadie. No
podemos con lo que no tenemos.
A horcajadas de Silvia Federici, la bruja y la
hechicera, fueron posiciones ocupadas por mujeres que tenían poder sobre sus
propios cuerpos, que sabían sobre anticoncepción y formas de interrumpir
mandatos impuestos por/con la reproducción del ser humano que, junto al trabajo
doméstico, constituía y constituye el cimiento del sistema político y económico
que sostiene el mundo, la base de la acumulación del capital. La madre,
construida desde Próspero, es proveedora de la fuerza de trabajo necesaria para
la acumulación así como la naturaleza es la proveedora ilimitada de materia
prima a disposición del colonizador. De allí que, Sycorax es negación de la
negación en tanto se niega a proveer a Próspero, al colonizador. Es madre antes
del orden colonial, su hijo no forma parte de la matriz moderna colonial que
demanda mano de obra (no) asalariada, esclava así como de la materia prima,
porque ella no es materia prima, es tierra, agua, aire, es lo común. En cuanto
bruja es hechicera y vampira, lo que habilita a ejercer violencias sobre
Próspero. Disputa y enfrentamiento en el desacato, en la insubordinación, en la
rebeldía frente a la autoridad y el orden moderno colonial capitalista
patriarcal que Próspero sólo puede imponer en el único mundo posible: el
casamiento de Miranda y Fernando y su reproducción fuera de la isla.
En su libro Revolución
en punto cero reúne tres décadas de indagación en ensayos escritos entre
1974 y 1980; período en el que Silvia Federici estuvo vinculada a la campaña
Salario para el Trabajo Doméstico que se lanzó en 1972 en Padua con la
formación del International Feminist
Collective. Pretendían: visibilizar las raíces materiales de la división
sexual del trabajo; reconocer el trabajo doméstico como un tipo de trabajo que
contribuye a la producción de mano de obra y produce capital; reconocer en el
trabajo doméstico la posibilidad de cualquier otra forma de producción;
reconocer el trabajo doméstico como trabajo; exponer la raíz de opresión de las
mujeres en la sociedad capitalista; denunciar la incapacidad de una parte de la
población al margen de las relaciones salariales -esclavos, sujetos
colonizados, presos, amas de casa, estudiantes-. En otros trabajos allí
reunidos, se refiere a los cambios en la reproducción de la fuerza de trabajo
que analiza como una reestructuración de las relaciones de clase del nuevo
orden mundial. La decisión de estudiar la historia de las mujeres durante la
transición del capitalismo la llevó a escribir el Caliban and the Witch: women, the body and primitive accumulation
(2004) donde desentierra el “verdadero secreto” de la “acumulación primitiva”.
(Federici, 2018, 20-23): la guerra contra las mujeres, la caza de brujas y el
holocausto americano. Las feministas materialistas no solo demostraron que la
reproducción de la fuerza de trabajo requiere un abanico mucho más amplio de
actividades que el mero consumo de mercancías puesto que los alimentos deben
prepararse para ser consumidos, la ropa tiene que ser lavada, la casa tiene que
ser ordenada, la cama tiene que estar tendida y hay que cuidar, consolar y
reparar los cuerpos animales (no) humanos. El reconocimiento del trabajo
doméstico ha posibilitado la comprensión de que el capitalismo se sustenta en
la producción de un tipo determinado de trabajadores, en un tipo determinado de
sexualidad, en un tipo determinado de procreación y un tipo determinado de
familia. Es esa la esfera y el terreno para la revolución, la rebelión, el
desacato, la rebeldía anticapitalista, antirracista, antipatriarcal. Pero ahí,
en la isla, aunque todo esto apenas se insinúe, acontece el epítome del
patriarcado: “Qué harías vos sin mí”.
“Qué
serías vos sin mí” en la boca de Próspero
resuena
también en la misma frecuencia que las letanías de los
discursos civilizatorios
que permean las mejores intenciones emancipatorias. Hay un punto de
unión que
remite a la misma colonialidad entre el discurso salvífico de la
colonización y
las concepciones de la emancipación tramadas desde el lado
moderno de la
colonialidad. Escucharemos como mantra siglos después que los
campesinos “deben
ser representados”, que Inglaterra es una “herramienta
inconsciente de la
historia”, “que es un hecho afortunado para la
civilización” la colonización de
Argelia, etc. Por eso podemos saber que el salvataje de los nativos de
sí
mismos que profiere el discurso colonial nunca ocurre sin una violencia
radical
sobre sus cuerpos. Una que restringe el acceso a otras historias y que
modela,
por obra de un sujeto teórico metropolitano, los cuerpos
coloniales como una
suerte de suplemento de sí mismo, suplemento que nunca alcanza,
que no debe, la
autonomía y por ello siempre debe ser representado. Dicho
sujeto, que no es
otro que el de la soberanía, no habita el cuerpo colonial pero
lo propone y
dispone para rectificarlo, y eso en el mejor de los casos, cuando no
ocurre
desata una acción necrótica cuya contabilidad
haría palidecer al más justo
sobre esta tierra. “Qué serías vos sin
mí” es violencia material y simbólica
sin mediaciones. Podríamos preguntar allí “ser
qué”, “ser dónde”. ¿Qué
existenciario requeriría desplegarse en ese ser?
Podríamos responder rápido a esto
diciendo que ninguno, dado que en la pregunta de Próspero, que
funciona como
admonición, lo único que acontece es el régimen de
la amenaza, fuera de ella,
sin embargo, parece emerger la incertidumbre, cierta sensación
de que la
historia puede ser de otro modo ¿Qué pasaría si
esos cuerpos se rebelan? Nadie
nunca le pidió a estos “salvadores” que examinen su
maquinaria mortífera. Sería
presuntuoso semejante llamado a la conciencia cuando no estéril.
No lo hace
Calibán en Une Tempête. Por ello, un
ambiente un poco más denso se adivina inmediatamente, tal como lo describe
Fanon, en sus lecturas moleculares de la relación colonizador colonizado; “el
colono que "conoce" a los indígenas se da cuenta por múltiples
indicios, de que algo está cambiando. Los buenos indígenas van escaseando, se
hace el silencio al acercarse el opresor. En ocasiones, las miradas se
endurecen, las actitudes y las expresiones son abiertamente agresivas” (Fanon, 1994 [1961]. 63). Algo pasa allí. Sabemos que
Próspero, como figura dramática, debe cargar cierto tono de la tragedia que se
muestra en el intento de fracasar persistentemente del rescate de Calibán de
una animalidad que no es otra que la que designa ese mismo sujeto de la
soberanía. Sin embargo, Une Témpete
avisa que Calibán tiene otra genealogía tramada con restos y fragmentos, como
el registro africano de la ancestra que es parte de la tierra, de las lagunas y
de los animales. Todos ellos laten como diferencia y amenazan la sintaxis misma
de los enunciados de la lengua colonial. Esta última, conformada a imagen y semejanza
del amo está bajo amenaza. Pero no porque haya habido una negación a hablarla
de parte de los nativos, sino porque la estabilidad de sus signos no se
reconoce tan fácilmente en sus bocas. Puede sonar igual, pero hacen otra cosa.
Césaire lo sabe. Fanon también. Lo sabrán los sudafricanos que resistieron al
apartheid usando el inglés como lengua de comunicación política. Nadie tiene el
control demasiado tiempo o todo el tiempo. Nadie tiene el tiempo todo el tiempo
de aquello considerado alguna vez inmutable. Calibán se queja amargamente de
que la lengua que le enseña Próspero es una lengua destinada a dar órdenes
claras y sencillas que deben ser obedecidas. Césaire, podríamos apostarlo,
pensaba en el pétit négre, ese
engendro diseñado para que los tiradores senegaleses entendieran las órdenes de
los oficiales blancos. Pero responde en el texto con una sintaxis impecable.
Nos dice que no habla bien una lengua desplazando sus signos. Y tal vez ese sea
el momento crucial del fragmento. Calibán se vuelve contemporáneo de Próspero. Une Tempête, modula la aparición en
escena de Calibán como figura coetánea de Próspero. No es alguien en el pasado.
Digámoslo de este modo, lo que el amo entiende como hablar mal refiere al
ámbito del significado. Cada palabra del Calibán de Césaire encaja en la norma
lingüística pero no es eso lo que desafía. Lo que desafía es la estabilidad del
signo colonial. Pone en riesgo la estructura misma donde el amo gusta mirarse a
sí mismo como alguien que hace buenas obras y ser reconocido: “Qué sería de vos
sin mí”. Vuelve indecidible esa afirmación porque queda claro que Calibán sabe
qué sería sin Próspero. Sin embargo, la trama trágica envuelve a todos en la
escena, nada tiene sentido sin la presencia del otro. Pero en el mismo acto la
estabilidad de los signos con los cuales el amo piensa el mundo está en
entredicho. Calibán representado en la voz de Próspero pasa a un estatus que no
se resuelve pero que deja claro algo: el presente es un tiempo compartido,
nadie puede empujar al otro a una distancia temporal o espacial para aislarlo.
Es un tiempo de conflicto. Traducido al lenguaje de la política si se participa
del tiempo presente y no hay espacialización que pueda desplazar al cuerpo, se
discute el poder. Ante ello, claro está, no hay garantías, por supuesto. Las
respuestas radicales de Calibán son el espacio de una modulación que depende de
los contextos, de las oportunidades, de las chances que hay de hacer algo
nuevo, incluso afirmando radicalmente una originalidad inaccesible para
Próspero, que en esta instancia es menos un personaje y más un discurso.
Creemos que eso es importante. Cada nombre en la obra delimita una posición y
un discurso.
a.
PRÓSPERO: Acércate, Calibán. ¿Qué tenés que decir
en tu defensa? Aprovechá mi buena disposición. Hoy estoy en vena de perdón.
CALIBÁN: No tengo ningún interés en defenderme.
Lamento, eso sí, haber fracasado.
PRÓSPERO: ¿Qué esperabas?
CALIBÁN: Tomar de nuevo mi isla y reconquistar mi
libertad.
PRÓSPERO: ¿Y qué harías vos solo en esta isla
frecuentada por el diablo y sacudida por la tempestad?
CALIBÁN: Para empezar, desembarazarme de vos… Vomitarte.
¡A vos, a tus bombas, a tus obras! ¡Vomitar tu toxina blanca!
PRÓSPERO: Como programa es más bien negativo…
CALIBÁN: Vos no estás en él, ya dije que a vos te
vomitaría, y eso es muy positivo…
PRÓSPERO: Decididamente, éste es el mundo del revés
b.
CALIBÁN:
Tenés que entender, Próspero: durante años, agaché
la cabeza, durante años acepté todo acepté: tus insultos, tu ingratitud peor
todavía, más degradante que todo el resto, tu condescendencia.
¡Pero ahora se terminó! ¡Se terminó, me escuchás!
Por supuesto, por el momento todavía sos el más
fuerte.
¡Pero yo me río de tu fuerza, como de tus perros,
por otra parte, de tu policía, de tus inventos!
¿Y sabés por qué me río? ¿Querés saberlo?
Porque sé que voy a vencerte.
¡Empalado! ¡Con el palo que vos mismo habrás afilado!
¡Empalado por vos mismo!
Próspero, sos un gran ilusionista: la mentira es lo
tuyo.
Y me mentiste tanto, me mentiste sobre el mundo, me
mentiste sobre mí mismo, que finalmente me impusiste una imagen de mí mismo: un
sub-desarrollado, como decís vos,
un in-capaz, es así como me obligaste a verme, ¡yo
odio esa imagen! ¡Y es falsa!
Pero ahora, te conozco, viejo cáncer, ¡y me conozco
a mí mismo también!
Y sé que un día mi puño desnudo, tan solo mi puño
desnudo ¡bastará para aplastar tu mundo! ¡El viejo mundo feria!
¿No es verdad? ¡Vamos, mirá! Vos mismo, ¡te
aburrís!
A propósito, podés terminar con todo esto: podés
irte. Podés volver a Europa.
¡Pero
no me importa! ¡Estoy seguro de que no vas a
irte! ¡Me hace reír tu “misión” tu
“vocación”! ¡Tu vocación es joderme! Y
por
eso te vas a quedar, como esos tipos que vivieron en las colonias y ya
no
pueden vivir en otro lado.
Un viejo intoxicado, ¡eso es lo que sos!
c.
PRÓSPERO: Desarraigué el roble, sublevé el mar,
estremecí la montaña y sacando pecho contra la suerte adversa, le respondí a
Júpiter rayo por rayo.
¡Mejor! De un bruto, de un monstruo, ¡hice un
hombre!
Pero, ¡lástima! Haber fracasado al pretender
encontrar el camino del corazón del hombre, si puede llamarse hombre a eso.
(A Calibán.)
¡Y bien, yo también te odio!
Porque vos sos quien por primera vez me ha hecho
dudar de mí mismo. (Dirigiéndose a los Señores.)
…Amigos míos, acérquense: me despido de ustedes. Ya
no me voy. Mi destino está aquí: no voy a huir de él.
ANTONIO: ¡Cómo, Señor!
PRÓSPERO: Entiéndanme bien.
Yo soy no sólo en el sentido banal del término,
como cree este salvaje, el amo, sino el director de orquesta de una vasta
partitura: esta isla.
d.
PRÓSPERO: Es raro, desde hace algún tiempo, fuimos
invadidos por las zarigüeyas. Están por todos lados… Hay pecaris, cerdos
salvajes, ¡toda esta sucia naturaleza! Pero sobre todo zarigüeyas… ¡Oh, esos
ojos! Y en la cara, ¡ese rictus innoble! Uno juraría que la jungla quiere
sitiar la gruta.
Pero me voy a defender… No voy a dejar que muera mi
obra… (Gritando.) ¡Voy a defender la civilización! (Dispara en todas
direcciones.) Ahí tienen… Así tengo un momento para estar tranquilo… Pero hace
frío… Es raro, el clima cambió… Hace frío en esta isla… Habría que pensar en
encender un fuego… Y bien, mi viejo Calibán, no somos más que dos en esta isla,
nada más que vos y yo. ¡Vos y yo! ¡Vos-yo! ¡Yo-vos! Pero ¿qué hace? (Gritando.)
¡Calibán!
Se escucha a lo lejos de entre el ruido de la
resaca y el piar de los pájaros los vestigios del canto de Calibán.
¡La libertad! ¡La libertad!
Semillas: El
mundo del revés / otro mundo por venir / revolución / rebelión /
insubordinación.
Cuando decimos lengua colonial no hablamos el lenguaje
del dualismo sino de una lengua tensionada y confusa. Calibán sabe que Próspero
no tiene dónde volver. Si las representaciones de lo uno y lo otro pueden
jugarse en la historia secular del otro del sí mismo, las relaciones coloniales
producen al amo como alguien inextricablemente atado a la colonia. El Calibán
de Aimé Césaire es enfático en la idea de exterminar al amo porque lo que se
mata es una relación, no un individuo, aunque a veces las guerras revolucionarias
hicieron coincidir el concepto con el cuerpo. El amo colonial es una relación y
por ello podríamos preguntar desde la perspectiva de Calibán qué cabe frente a
ella. Lo que revela el pasaje, que evoca varias de las escrituras más tenaces
del anticolonialismo, como aquellos pasajes centrales de Fanon en Los condenados de la tierra cuando
propone la lógica de la exclusión absoluta del colono para fundar un mundo
nuevo, es una suerte de puente entre las formas de un humanismo colonial, uno
poscolonial, vindicado en la figura del que profiere el grito de libertad, y un
deslizamiento hacia otros sujetos, como la misma naturaleza, ya no codificada
en el lenguaje de la propiedad y la civilización, que descentra al
antropomorfismo característico de todo el conflicto. Algo más parece en juego y
no tiene ni la forma de la acumulación, ni es pasible de ningún
antropomorfismo. Es algo incluso que aparece por fuera del discurso. Algo
afuera, hace ruido.
Desembarazarse de la blanquitud, de la colonialidad. De(s)colonizar(se)
en el Mundo del Revés. Silvia Rivera Cusicanqui propone una epistemología ch´ixi[7]para explorar la matriz
andina/popular e ingresar, transitar y habitar órdenes,
tiempos/espacios/territorialidades indias negadas, usurpadas y expropiadas por
la intrusión moderna y superar los binarismos de la mirada colonial. Toma las
escenas que aparecen en los dibujos del cronista Waman Puma de Ayala, teórico
de la condición colonial, compilados en la Primer
Nueva Crónica y Buen Gobierno en el siglo XVII como instantáneas para
pensar el pasado desde una mirada no colonial que acerca los modos en que el
colonialismo es ironizado, subvertido, desobedecido. Desde una sociología de
las imágenes Silvia Rivera Cusicanqui (2010, 2018) en la mirada de Waman Puma se
detiene en la noción indígena Pachakuti
que nombra el Mundo del Revés para desplegar los órdenes que sostenían a las
sociedades indígenas prehispánicas que se invierten con la conquista. El
(des)orden que presenta en varias secuencias despliega en un tiempo de otro
mundo, el orden de las edades; el de las distribuciones espaciales; el de las
relaciones entre lo humano y lo sagrado pero también el de los hombres con la
tierra, el de las familias con la comunidad, el de las comunidades con sus
autoridades y con el Inka;
el de las
labores productivas y la vivencia comunal; el de los rituales y las
devociones;
el cósmico pero también aquel otro que desata la
obsesión de los conquistadores
con los bienes comunes como materia prima para el desarrollo;
órdenes, de aquí
y de allá, pero también entre medio. Órdenes del
Mundo del Revés que dicen lo
indecible y nombran lo que no tiene nombre en lenguas para las que no
existe
traducción de “opresión”,
“explotación”, “expropiación”,
“trabajo”, “género”.
La prosperidad de la lengua colonial en la narrativa
salvacionista es justificada por/en la matriz moderna colonial occidental que
traza órdenes del viejo mundo -formas de opresión y dominación política,
económica, de género, racial, epistémica que aún, en nuestros días, nos
atraviesan-, por aquello que ficciona como subdesarrollo: el Mundo del Revés.
Una narrativa misionera y expansionista que para salvar al bárbaro aniquila la
ontología relacional que habilita que Calibán sea X. Próspero fracasa y aún así,
se queda en la isla. En la narrativa salvacionista de fuerte impronta euro y
antropocéntrica, el amo y señor, Próspero, el director de orquesta de una vasta
partitura que es la isla, el colonizador que prepara y dispone el territorio
para la colonización como el músico para la ejecución de la pieza, fracasa como
también fracasa la teleología que lo coloca como el garante de la cultura, del
progreso y la civilización ¿Cuáles son las temporalidades otras que interrumpen
e intervienen en el tiempo lineal de la modernidad? Aquellas que animan el
Mundo del Revés; las que convertidas en mitos fueron relegadas, silenciadas,
olvidadas. Cosmogonías ancestrales pre-intrusión que habitan y habilitan
relaciones milenarias entre seres vivos y no vivos, plantas y animales como así
también con otras fuerzas y entes que habitan la tierra y (se) sostienen (en)
lo común. Una episteme indígena que no sabe y no quiere saber de escisiones
impuestas por la matriz moderna colonial entre territorio-naturaleza;
naturaleza-cultura; bienes comunes-civilización. Es que la narrativa
salvacionista no solo ubica en un lugar y un tiempo a los colonizados,
oprimidos, expropiados, subalternizados sino también a los colonizadores,
opresores, apropiadores. Habitar y habilitar el Mundo del Revés implica
desprender(se) de esa lógica y reinventar historias para sobre-vivirnos frente
a la (H)istoria. Césaire deja ingresar en la última escena a los marsupiales.
Es que en el Mundo del Revés no solo son dos fuera de lugar, también Sycorax,
lo común, la jungla, la gruta, formas de vida y de no vida, la tierra, el agua
y las zarigüeyas, las avispas, los sapos y Eshú. Un complot triunfante hace
ruido. Ya no se trata de Próspero y Calibán. Otras políticas, otras poéticas,
otras eróticas, otras epistemes se asoman, se hacen audibles. Ya no se trata de
una crisis, es una revolución. ¡El amo colonial ha muerto! ¡El orden
moderno-colonial-patriarcal ha sido desarticulado! ¿Entre quiénes haremos
parentesco para tramitar este desprendimiento? ¿Qué ontologías relacionales
provocan futuridades por venir que disputen la rutina del capital, la lengua
del amo, la temporalidad del colonialismo? ¿Con cuáles cosmogonías ancestrales
nos recuperaremos? ¿Qué mundos cuidarán esas relaciones? ¿Habremos de ampliar
la escucha a les quienes hacen de lo común prácticas de resistencia contra la
tala de los bosques, la contaminación de los ríos y mares, el extractivismo, la
quema de humedales y el avance depredatorio, el ecocidio capitalista? ¿Cuáles
serán los ruidos del pachakuti feminista
o del cimarronaje poscolonial que
anticipen mundos del revés? ¿A qué genealogías, cosmogonías, ontologías vamos a
compostar nuestras prácticas-teóricas-poiéticas para re-existir?
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[1] Hemos tomado algunas decisiones sobre qué traducción de Une Tempête utilizar para este trabajo. Al
principio pensamos en poner los textos en el original en francés. Luego leímos
la traducción de Ana Ojeda, en la edición bilingüe del libro llamada Aimé Césaire. Una tempestad con prólogo
de Rocco Carbone y Leonardo Eiff, publicado en Buenos Aires en 2011. El cotejo
de los textos en esa edición informa de un trabajo muy cuidadoso. Nos interesó
también y quizás sobre todo, que el lenguaje dramatúrgico de Césaire no fue
pasado a un español neutro, lo cual hubiera sido un déficit real dado que una
de las cosas que caracterizan su escritura es precisamente lo que James
Clifford destacó en Dilemas de la
cultura: su manejo del neologismo como un gesto revisionista de la cultura
(1995, 220). Es decir, la lengua de Césaire es fuertemente contextual y disputa
las tradiciones poéticas y estéticas como pocas (Aguirre Aguirre, C. 2022, 89).
Entonces, ese gesto de traducir a la forma más extendida del español de
Argentina, nos dio pie también para pensar que podríamos intervenir, como lo hacemos,
sin prestar tributo a una línea específica de lectura de este texto, o a una
línea interpretativa en particular. A partir de allí nos dimos el permiso de no
justificar temporal ni espacialmente nuestra intervención, lo cual genera, al
menos para nosotrxs, una suerte de efecto paradójico: al tiempo que saltamos
entre distintos registros creemos que producimos una lectura fuertemente
contextual.
[2] La caza de brujas se extendió por cuatro siglos - inicios del siglo XIV
al XVII- desde Alemania hasta Inglaterra, en tiempos del feudalismo hasta bien
entrada la modernidad. Una campaña de terror desencadenada por la clase
dominante contra las mujeres de la población campesina que, fueron consideradas
una amenaza para el Estado, para la Iglesia (católica como protestante) y la
constitución de la profesión médica. Condenadas a ser quemadas vivas por curar
siendo mujeres en tiempos en los que Paracelso, el padre de la medicina
moderna, quemaba su manual de farmacología, escrito a partir del extractivismo
de los saberes de las parteras y sanadoras (Ehrenreich, B. y Deirdre E., 1981).
[3] El movimiento estético político de
la negritud es una presencia habitual en la escritura de Fanon. No es errado
señalar que su escritura adquiere potencia en ese contexto. Es común señalar a
Aimé Césaire, León–Gontran Damas, Leopold Senghor, entre otros, como artífices
del movimiento. No obstante, el rol de las mujeres que participaron del mismo
es quizás de igual o mayor potencia que la de sus pares varones. Por caso, los
trabajos, ideas y acciones de Suzanne Césaire, Jane y Paulette Nardal no pueden
faltar en cualquier historia del movimiento. Por mostrar algunos casos
importantes al respecto ver de Paullette Nardal “La Dépêche africaine” (algunos
números en https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k12031354/f8.item
) un texto clave: l’Internationalisme noir (1928). En 1931 fundan la revista
bilingüe, en inglés y francés, “La Revue du monde noir” (los números del 1 al 6
se pueden consultar en https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k32946v/f5.item
) en donde se producen muchas de las discusiones que están en la base de los
escritos de la negritud. Quien ha dado cuenta con extremo cuidado y detalle de
estas participaciones centrales en el movimiento fue Tracy Denean
Sharpley–Whiting, en su trabajo. “Femme négritude: Jane Nardal, La dépêche
africaine, and the Francophone New Negro” de 2000 y Negritude Women de 2002. Ver también de Brendt Hayes Edwards The Practice of Diaspora. Literature, Translation, and the Rise of
Black Internationalism (2003).
[4] Se refiere al grabado del dibujo de
Jan Van der Straet llamado
“América”. José Rabasa toma el motivo también en De la invención de América. La historiografía y la formación del
eurocentrismo (2009).
[5] Evocamos aquí el poema de Césaire «Le verbe marroner. Réponse à
Depestre, poete haïtien (éléments d’un art poétique) que trabajamos en un
artículo de hace unos años (De Oto, A. 2011). Un momento culminante del poema
es cuando Césaire le dice a su amigo Depestre: “... riamos bebamos y
cimarroneemos” (rions buvons et marronnons).
[6] El feminismo comunitario -en/desde Bolivia- entiende que “el feminismo
es la lucha y la propuesta política de vida de cualquier mujer en cualquier
lugar del mundo, en cualquier etapa de la historia que se haya rebelado ante el
patriarcado que la oprime”. Aunque Julieta Paredes, junto a Mujeres Creando
Comunidad (2013, 76), asume que esta posición nos permite reconocernos como
hijas y nietas de nuestras propias tatarabuelas aymaras, quechuas y guaraníes
rebeldes y antipatriarcales y nos habilita junto a otras feministas en el mundo
para posicionarnos frente al feminismo hegemónico occidental. Un punto de vista
que demanda la recuperación de la memoria de las ancestras, una genealogía de
las prácticas de resistencia al tiempo que coaliciones políticas frente al
feminismo de la igualdad y de la diferencia.
[7] Lo ch´ixi habilita la coexistencia en paralelo de múltiples diferencias
culturales que no se funden sino que antagonizan o se complementan (Rivera
Cusicanqui, S. 2010).